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PESCADORES DE TORTUGA

Y LOS PRIMEROS PUEBLOS DEL CARIBE SUR

Las bahías y puertos naturales formados en la costa sur caribeña ya aparecían marcados como lugares de refugio en los mapas piratas, Puerto Vargas, Old Harbour (Puerto Viejo) o Miami Beach, actual Beach Break en Cocles. Hasta el Siglo XIX estas costas eran solo rutas de transito sin poblaciones permanentes, las agrupaciones más cercanas eran las comunidades indígenas ubicadas en la alta Talamanca que raramente bajaban a la costa.

A partir de 1.750 comienzan a llegar al litoral del Caribe Sur pescadores de tortugas de origen afro caribeño de habla inglesa, navegando a remo y a vela desde Bocas del Toro, e indios miskitos de la costa nicaragüense, atraídos por las tortugas marinas. Levantaban campamentos provisionales que se utilizaban durante la temporada de pesca, entre los meses de Marzo a Septiembre, en los que se dedicaban a la pesca con arpón de tortugas verde y carey, por el valor de su carne y caparazones.

Para su subsistencia sembraban coco, yuca, plátano y ñame que cosechaban en la siguiente temporada. Para construir sus ranchos usaban madera de chonta para pisos y paredes, para los techos usaban la palma yolillo, muy común en zonas pantanosas, y el bejuco de hombre (kankibo) les servía para amarrar las piezas.

En 1.828, uno de estos pescadores de temporada decidió establecerse permanentemente en la zona, fue William Smith, que junto con su familia, hizo de uno de los campamentos ubicado al norte de Punta Cahuita su morada definitiva. A este afro caribeño venido de Bocas del Toro le siguieron otros, por citar algunos, Louis Hudson se estableció al norte de William Smith; otro de apellido Dixon escogió el costado sur de Punta Cahuita; William Shepherd se quedó en Puerto Vargas; Ezequiel Hudson y Celvinas Caldwell prefirieron Monkey Point (Punta Mona); Horacio MacNish en el norte de Old Harbour (Puerto Viejo) y Peter Hansel en Manzanillo. Muchos de ellos llegaron acompañados de sus familias, pero otros se emparejaron con indígenas de Talamanca, comenzó entonces un mestizaje que se mantiene hoy como característica de la población.

Estos nuevos pobladores bautizaron las regiones inspirándose en las características naturales del lugar, así nació Little Bay (Playa Chiquita), Grape Point (Punta Uva) donde abundaba el árbol de uva de playa, Hone Creek por la abundancia de la palma conocida como hone, o Manzanillo que debe su nombre a un gran árbol de manzanillo que había en el lugar y que murió en los años 40. Se establecieron preferentemente cerca de quebradas que luego se conocerían con el nombre de dichas familias, como por ejemplo la quebrada Kelly (Kelly Creek).

En ese tiempo todo giraba en torno a la pesca de la tortuga a la que arponeaban de pie sobre sus cayucos, luego las llevaban a la costa donde aguantaban vivas durante varios días antes de ser sacrificadas para vender sus productos en Bocas del Toro. A partir de 1.850 fue creciendo el número de familias afro caribeñas que llegaban de otros puntos del Caribe. La agricultura de subsistencia evolucionó creándose excedentes que podían ser convertidos en moneda de trueque. Básicamente se comerciaba con coco, su aceite y almidón de yuca, productos que se transportaban en pequeños botes a remo o vela hasta Bocas del Toro o Greytown (San Juan del Norte). Estos botes los fabricaban de una sola pieza sacada del tronco de un árbol, especialmente de javillo.

Estas travesías eran dificultosas y arriesgadas, 12 horas hasta Bocas y dos días hasta Greytown, hasta que más tarde el nuevo puerto de Limón les abriría un nuevo mercado. Este hecho contribuyó al relativo aislamiento de la población del Caribe Sur.

Forzados por las circunstancias, aprendieron a aprovechar al máximo los recursos que les ofrecía una naturaleza generosa. Con la corteza de majagua confeccionaban sandalias y tejían cunas, con la algodonosa semilla de balsa se hacían almohadas y colchones y con la madera de este árbol se fabricaron los primeros instrumentos musicales. También aprendieron a elaborar sus propios licores como el guarapo de maíz, el guaro de caña o la cerveza de jengibre, elaborada con un bejuco llamado chewstick (palito de mascar) mezclado con jengibre y jugo de caña.

Por otro lado, los animales silvestres constituían una rica fuente de alimentos. Para cocinar bastaba con buscar los ingredientes en el monte, el mar o la finca. De esta búsqueda nació el conocido rondón, del ingles run down, que significa rebusque, un plato a base de mariscos y vegetales cocinados en leche de coco.

Estos pueblos fueron desarrollándose gracias a la innata capacidad de subsistencia de sus pobladores, a su fuerte espíritu de solidaridad y sobre todo al respeto hacia una naturaleza que les proporcionaba el sustento.