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LAS COMPAÑIAS EXTRANJERAS

Las tierras caribeñas fueron durante los Siglos XIX y XX el objeto de deseo de buscadores de oro, de petróleo y de madereros, con el propósito de explotar sus riquezas naturales. En busca de yacimientos de oro ya habían explorado la región de Talamanca más de una docena de expediciones, mas tarde se enviaron geólogos a realizar exploraciones petroleras, entre ellos cabe destacar a William Gabb, geólogo de Filadelfia, que por su afición a la antropología se desliga del petróleo para enfocarse en el estudio de los pobladores de la Alta Talamanca, donde se casa con una indígena. Gabb elabora un mapa topográfico de la región para el gobierno de Costa Rica y redacta un informe geológico revelando sus pocas riquezas, poco oro, poco hierro y cobre de escaso valor, bastante carbón y algo de petróleo poco rentable por la dificultad para extraerlo.

En 1.908 un grupo de comerciantes costarricenses se interesaron por la explotación del carbón en la región de Talamanca tras encontrar una veta en un río al que llamaron Carbón. Durante varios años estuvieron recogiendo muestras que fueron enviadas a Inglaterra para ser analizadas. Construyeron un camino desde la playa en Hone Creek hacia el río Carbón y usaban carretas para llevar el carbón a la playa donde embarcaban en lanchas con destino a Colón, en Panamá, también comenzaron a construir un muelle en Puerto Vargas. Trabajaron hasta 1.918 cuando la empresa quebró pues los ingleses determinaron que la mina era demasiado joven.

Las empresas transnacionales no desistieron de su idea de explotar la zona, en 1.921 la Sinclair Oil Company llegó a las playas de Cahuita y de Puerto Viejo en busca de petróleo, construyó un campamento cerca del río Juárez, en el poblado Cahuita, e hizo algunas transformaciones en playa Negra de Puerto Viejo, donde construyó el primer muelle de madera, instaló un pequeño tranvía a lo largo de la playa hasta el campamento de sus trabajadores en el potrero O´conor, a 4 kilómetros, llevó la primera planta eléctrica a la costa talamanqueña y 3 años más tarde se fue junto a su fracasada expedición.

1.953 dio paso a una nueva compañía extranjera, la Loffland Oil Company, que llegó a la playa de Puerto Viejo para retomar las exploraciones de la Sinclair. Instaló su campamento, dormitorios, comedores, talleres y bodegas en playa Negra alrededor del aeropuerto, el cual puso a funcionar y reemplazó el viejo muelle de madera por un muelle de considerables dimensiones que daba la bienvenida a barcos igualmente grandes, este muelle, del que hoy quedan restos conocidos como el Lanchón, fue remolcado desde el canal de Panamá y contaba con dos pieza, una de ellas hoy hundida.

El aeropuerto remodelado por la Loffland se convirtió en una parada intermedia en la ruta Sixaola-Limón y durante varios años una compañía de aviación privada hizo escala tres veces por semana en esta pista. La compañía también abrió el primer camino vehicular entre Puerto Viejo, Bri Bri y Sixaola, para facilitar la explotación de la Alta Talamanca. Durante sus 10 años de permanencia la Loffland dio empleo a la gente de la zona en las exploraciones y en sus obras complementarias, apertura de carreteras, transporte de materiales y construcción de infraestructura, pero se fueron porque el petróleo no era de buena calidad.

Las llanuras del Caribe Norte por su parte fueron objeto de expolio de las compañías madereras. En los años 40 se abrió el primer aserradero en Tortuguero que transformó la vida de esta pequeña aldea y significó el comienzo de la destrucción de una de las regiones más biodiversas de Costa Rica. Se talaba cedro macho, fruta dorada, cedro amargo, laurel y cativo que se llevaban a Limón para su comercialización en Costa Rica y el extranjero. La madera era sacada por mar o por los canales que ellos mismos construyeron entre los ríos. La última compañía maderera abandonó la región en 1.972, dejando una comunidad muy poblada y sin expectativas económicas, lo que hizo retornar a los cultivos, caza y pesca. Aún se pueden ver en el pueblo de Tortuguero maquinas oxidadas de los antiguos aserraderos.

Pero los buscadores de petróleo no cesarían en su afán y en la década de 1.960 abrirían nuevas trochas para perforar mas pozos en Talamanca. Fracasados los intentos de extraer petróleo, los caminos sirvieron para que poco a poco el gobierno fuese ampliándolos, siendo los que actualmente recorren la zona. Los intentos de expoliación se siguieron dando hasta que en 1.977 se crearon las Reservas Indígenas de Talamanca.

Entrados en el siglo XXI, regresaron nuevas compañías petroleras con las mismas intenciones, pero se encontraron con una fuerte oposición de las comunidades de la costa y del valle de Talamanca, que consiguieron frenar estos demenciales proyectos, apostando por un desarrollo sostenible.