reportajes-cultura

REPORTAJES CARIBBEAN WAY CULTURA

el-calypso-limonense-2-foto-1
el-calypso-limonense-3-calypso

EL CALYPSO LIMONENSE

El Calypso nace en Trinidad y Tobago, entre los esclavos, como un noticiero cantado, la única forma de comunicación debido a la prohibición que tenían de hablar entre ellos. Al caer la noche en las plantaciones el Chantuelle cantaba todo lo que había sucedido durante el día, se pasaban recados, recetas, mensajes de amor y noticias de familiares. A Limón llegó el Mento Music un género musical muy parecido al Kaiso o Kariso de Trinidad, con la diferencia que el Mento Music era totalmente acústico y apenas era conocido, por el contrario el Kaiso empezó a hacerse muy popular en los primeros años del siglo XX, fue bautizado como Calypso por la prensa estadounidense en un error de trascripción.

El músico jamaicano de Limón empieza también a tocar Calypso, pero le adapta el tempo del Mento Music, que se ajusta mejor a una pequeña banda de tres o cuatro componentes, y nace así el Calypso limonense, el Calypso de Costa Rica. En esos años la música que se oía en las radios de Limón era Swing, Rumba, Jazz, Ragtime y Bolero, la sociedad predominante de la época quería ver orquestas en sus fiestas y los grupos de Mento Music eran pequeñas bandas reunidas alrededor del cantante, que componía de una manera espontánea e improvisaba durante el concierto, por lo que el Calypso limonense se va restringiendo a playas, bares, cantinas y fiestas callejeras, era la música para la clase obrera, sin demasiado impacto fuera de Puerto Limón.

La primera banda contratada para actuar en San José lo hace en 1.976, el Combo Alegre, siendo el principio para que otros músicos limonenses se dieran a conocer como Lenki, con su “Dont stop the carnival”, Roberto Kirlew, Buda, o Papa Tun, J. Darkins, y su “Zancudo”. Walter Gavitt Ferguson, músico de Cahuita, no ha encontrado aún rival que le desplace de su trono como calypsonian, con sus más de cien calypsos, su ritmo, sus letras retratando con sentido del humor e ironía la vida de las aldeas del Caribe Sur y su particular manera de interpretar.

Continuamente surgen nuevos grupos con esa chispa, ingenio y espontaneidad, que mantienen viva la esencia del calipso limonense, que se ha perfilado como una seña de identidad nacional y que podemos disfrutar en las veladas nocturnas en los restaurantes y bares de los pueblos del Caribe.